{"id":12082,"date":"2021-05-05T06:00:00","date_gmt":"2021-05-05T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=12082"},"modified":"2021-05-04T20:12:26","modified_gmt":"2021-05-04T19:12:26","slug":"ese-anciano-regordete-que-huele-a-chuches-no-es-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/omnes.blog\/?p=12082","title":{"rendered":"Ese anciano regordete que huele a chuches no es Dios"},"content":{"rendered":"\n<p>Hace poco m\u00e1s de un mes, Tracey Rowland, jurista, filosofa, te\u00f3loga y una de las \u00fanicas cuatro mujeres distinguidas con el Premio Ratzinger de Teolog\u00eda, alentaba, en este medio a<a href=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/recursos\/teologia-y-cultura-contemporaneas-dra-rowland-en-el-foro-omnes\/\"> \u201ctener el coraje de explicar la fe<\/a>\u201d. Unas palabras que no eran, precisamente, un brindis al sol.<\/p>\n\n\n\n<p>Explicar la fe no es s\u00f3lo \u201chablar\u201d de la fe, ni siquiera hacerlo en nombre de ella; como tampoco es limitarse, simplemente, a repetir unas f\u00f3rmulas de credo.<\/p><div class=\"lerox-placement-margin\" style=\"margin:32px 0 32px 0;\"><div class=\"lerox-ad lerox-ad-image\" data-ad-id=\"1\"><a href=\"https:\/\/leroxstudio.com\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer nofollow\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/omnes.blog\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/www.url_.com_.gif\" width=\"800\" height=\"850\" alt=\"\" loading=\"lazy\" style=\"display:block;max-width:100%;\"><\/a><\/div><\/div>\n\n\n\n<p>Explicar la fe presupone conocerla y amarla. Porque el amor es una forma de conocimiento necesaria en nuestra relaci\u00f3n con Dios. No en vano, con palabras de Benedicto XVI \u201c<em>Hemos cre\u00eddo en el amor de Dios<\/em>: as\u00ed puede expresar el cristiano la opci\u00f3n fundamental de su vida\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Seguramente t\u00fa, como yo has escuchado m\u00e1s de una vez eso de que \u201cno se puede amar lo que no se conoce\u201d y, al mismo tiempo, el conocimiento ampl\u00eda la mirada del amor. Conocer a Dios para amarlo m\u00e1s; amar a Dios para conocer qui\u00e9n es. <\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"alignright size-large is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/yulia-matvienko-os2VnFLJZ1s-unsplash.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-12083\" width=\"278\" height=\"158\" srcset=\"https:\/\/omnes.blog\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/yulia-matvienko-os2VnFLJZ1s-unsplash.jpg 920w, https:\/\/omnes.blog\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/yulia-matvienko-os2VnFLJZ1s-unsplash-700x400.jpg 700w, https:\/\/omnes.blog\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/yulia-matvienko-os2VnFLJZ1s-unsplash-300x172.jpg 300w, https:\/\/omnes.blog\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/yulia-matvienko-os2VnFLJZ1s-unsplash-768x439.jpg 768w, https:\/\/omnes.blog\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/yulia-matvienko-os2VnFLJZ1s-unsplash-600x343.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 278px) 100vw, 278px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo as\u00ed evitaremos quedarnos en una imagen de Dios como una especie de s\u00faper pap\u00e1 Noel al que le pedimos cosas y nos las trae dejando un reguero de gominolas. No.\u00a0Ese anciano regordete, amable y bonach\u00f3n, que huele a chuches, no es Dios. Aunque sea amable (o mejor dicho, sea Amor), y necesitemos tambi\u00e9n poner el coraz\u00f3n y el sentimiento en nuestra vida como cristianos, la\u00a0<em>sentimentalizaci\u00f3n<\/em>\u00a0de la fe es quiz\u00e1s una de las trampas m\u00e1s habituales de nuestra sociedad eternamente \u201cteenager\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Como destaca Ulrich L. Lehner en su libro Dios no mola: \u201che podido comprobar que una buena parte de la vida parroquial se centra en el sentimentalismo, o en la b\u00fasqueda de sentimientos. Se invita a los ni\u00f1os a \u2018sentir\u2019 y \u2018experimentar\u2019 esto o aquello, pero raramente se les da un contenido, una raz\u00f3n para su fe. No me sorprende que abandonen la Iglesia si pueden encontrar mejores sentimientos fuera de ella\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Los sentimientos tienen, evidentemente, su lugar en la fe, pero tienen que apoyarse en un contenido para que las l\u00e1grimas que pueden venir a nuestros ojos al contemplar escenas de la pasi\u00f3n de Cristo, por ejemplo, no acaben ahogando el don de la fe en un mar sin sentido; al igual que no podemos vivir una fe reducida a una actitud estoica e intelectual que terminar\u00eda olvidando la clave de esta misma fe: la encarnaci\u00f3n de ese mismo Amor: Dios que se hace hombre, m\u00e1s a\u00fan, hombre perfecto.<\/p>\n\n\n\n<p>La apuesta por meter cabeza en nuestra fe es hoy una demanda ineludible qeue abarca pr\u00e1cticamente todos los \u00e1mbitos de nuestra vida: desde la educaci\u00f3n religiosa escolar, la vida de fe en familia o el peligro de borrar a Dios de la cultura reduciendo nuestra a una simple sucesi\u00f3n de acontecimientos intrascendentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque parezca mentira, hoy m\u00e1s que nunca, el \u00abaltar al dios desconocido\u00bb se erige en el centro de nuestras plazas y darle nombre y vida corresponde a nosotros, para hacer nuestra fe m\u00e1s profunda, para ser disc\u00edpulos y testigos en un mundo sordo. Y tambi\u00e9n para aceptar con humildad que, probablemente, no nos dar\u00e1n las gracias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace poco m\u00e1s de un mes, Tracey Rowland, jurista, filosofa, te\u00f3loga y una de las \u00fanicas cuatro mujeres distinguidas con el Premio Ratzinger de Teolog\u00eda, alentaba, en este medio a \u201ctener el coraje de explicar la fe\u201d. Unas palabras que no eran, precisamente, un brindis al sol. 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