{"id":13947,"date":"2021-07-21T05:26:00","date_gmt":"2021-07-21T04:26:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=13947"},"modified":"2021-07-20T17:38:52","modified_gmt":"2021-07-20T16:38:52","slug":"juan-narbona-la-fe-es-poderosamente-atractiva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/omnes.blog\/?p=13947","title":{"rendered":"Juan Narbona: \u201cLa fe es poderosamente atractiva\u201d"},"content":{"rendered":"\n<p>Ofrecemos la segunda parte de la <a href=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/actualidad\/juan-narbona-la-desconfianza-en-las-instituciones-debilita-a-la-sociedad\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">entrevista<\/a> que ha concedido a Omnes Juan Narbona, profesor de Comunicaci\u00f3n Digital en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Si en la primera parte, publicada hace unos d\u00edas, explic\u00f3 que la desconfianza en las instituciones debilita a la sociedad, ahora se centra en el \u00e1mbito de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfSe puede afirmar que la falta de confianza es algo m\u00e1s que un problema de comunicaci\u00f3n?<\/strong><\/p><div class=\"lerox-placement-margin\" style=\"margin:32px 0 32px 0;\"><div class=\"lerox-ad lerox-ad-image\" data-ad-id=\"1\"><a href=\"https:\/\/leroxstudio.com\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer nofollow\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/omnes.blog\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/www.url_.com_.gif\" width=\"800\" height=\"850\" alt=\"\" loading=\"lazy\" style=\"display:block;max-width:100%;\"><\/a><\/div><\/div>\n\n\n\n<p>&#8211; La comunicaci\u00f3n sirve para tender la mano cuando uno considera que merece la confianza, y para poner en marcha los mecanismos que nos hacen merecedores de ella. En una organizaci\u00f3n, el departamento de comunicaci\u00f3n tiene la misi\u00f3n de recordar el papel inspirador de los valores, de crear una cultura corporativa al servicio de las personas (por ejemplo, escuchando) y de mostrar con palabras e im\u00e1genes entendibles la propia propuesta. Pero quien utilice la comunicaci\u00f3n para maquillar el propio comportamiento incoherente, ego\u00edsta o incapaz, fracasar\u00e1 antes o despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ejemplo, si una realidad de la Iglesia, por acercarse a los lejanos, defendiera verdades contrarias a la fe, quiz\u00e1 aparentar\u00eda una mayor capacidad \u2013\u201cellos s\u00ed que son cercanos a la gente\u201d\u2013 o benevolencia \u2013\u201ctienen una mentalidad moderna y abierta\u201d\u2013, pero dejar\u00edan de ser \u00edntegros y, por lo tanto, antes o despu\u00e9s perder\u00edan la confianza de quien desea un testimonio de fe. Como dec\u00eda Groucho Marx: \u201cEstos son mis principios, y si no le gustan tengo otros\u2026\u201d. Alguien as\u00ed no nos inspira mucha confianza, \u00bfverdad?<\/p>\n\n\n\n<p><strong>En algunos lugares preocupa la p\u00e9rdida de credibilidad de la Iglesia a la que puedan conducir las informaciones sobre abusos sexuales. \u00bfHay una relaci\u00f3n directa entre ambas cuestiones?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Sin duda esos esc\u00e1ndalos han erosionado la credibilidad de la Iglesia. Donde se han producido esos casos, se ha dado la imagen de una instituci\u00f3n que se ha defendido a s\u00ed misma y no a las personas a las que ten\u00eda que proteger. Y en muchos casos ha sido as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Inspirar confianza de nuevo es un proceso largo que exige paciencia, porque antes de recuperar la confianza hay que cambiar las din\u00e1micas que permitieron aquellos delitos y mentiras.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>A veces se afirma que recuperar la credibilidad exigir\u00eda cambiar el contenido propuesto a los fieles para creer\u2026<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Un sano deseo de reforma es muy positivo si genera cambios acordes con la propia identidad y misi\u00f3n. No se trata de dejar de ser quien eres con tal de recuperar el aplauso del p\u00fablico. Ese ser\u00eda un falso cambio.<\/p>\n\n\n\n<p>Las crisis son una ocasi\u00f3n para volver a las propias ra\u00edces, para desempolvar el por qu\u00e9 se puso en marcha una organizaci\u00f3n o iniciativa. Son, adem\u00e1s, una oportunidad para liberarse del peso in\u00fatil adquirido con el tiempo, de las malas pr\u00e1cticas o modos de hacer que sirvieron durante una \u00e9poca, pero de los que tenemos que ser capaces de desprendernos si no ayudan a la misi\u00f3n, que en el caso de la Iglesia es la salvaci\u00f3n de las almas.<\/p>\n\n\n\n<p>Discernir qu\u00e9 se puede cambiar y qu\u00e9 no es un ejercicio que requiere grandes dosis de prudencia y coraje. Como dec\u00eda al principio, los l\u00edmites en los que nos podemos mover est\u00e1n marcados por qui\u00e9n soy y cu\u00e1l es mi funci\u00f3n. Estas orientaciones sirven para la Iglesia, para cualquier organizaci\u00f3n y para cada uno de nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Dec\u00eda usted que merecer<\/strong><strong> confianza requiere demostrar integridad, benevolencia (desear el bien del otro) y capacidad. \u00bfC\u00f3mo comunicar la \u201cincoherencia\u201d, en cierto sentido es inevitable pues l<\/strong><strong>a Iglesia est\u00e1 integrada por pecadores, adem\u00e1s de santos?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Comunicar la propia vulnerabilidad es un tema delicado, pero necesario. Por ejemplo, pedir perd\u00f3n puede costar, pero es una acci\u00f3n que ayuda a devolver al primer plano los valores que uno ha traicionado. Si una organizaci\u00f3n donde se ha gestionado mal el dinero pide disculpas, est\u00e1 admitiendo que desea guiarse en adelante con honestidad financiera.<\/p>\n\n\n\n<p>Suelo repetir que el perd\u00f3n debe seguir la regla de las tres r: <em>\u201creconocer\u201d<\/em> el mal ocasionado, <em>\u201creparar\u201d<\/em> en la medida de lo posible el da\u00f1o causado a la otra parte y <em>\u201crectificar\u201d<\/em> las circunstancias que pudieron propiciar ese mal. No siempre resulta f\u00e1cil, pero pedir disculpas \u2013admitir que el propio comportamiento se ha distanciado de los valores que deber\u00edan guiarnos\u2013 es el grito del pecador que a\u00fan conf\u00eda en poder ser santo. Reconocer la propia fragilidad es, parad\u00f3jicamente, la base sobre la cual se puede trabajar s\u00f3lidamente para recuperar la confianza de los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Pedir perd\u00f3n, -es la pregunta del Evangelio- \u00bfcu\u00e1ntas veces? Adem\u00e1s, tambi\u00e9n se espera que algunos en la Iglesia se disculpen y asuman las consecuencias de los errores de otros.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; La Iglesia siente la responsabilidad de pedir perd\u00f3n por las ofensas cometidas por algunos de sus ministros, y tendr\u00e1 que hacerlo mientras haya personas heridas. Pero me remito a las tres \u201cr\u201d de antes: demuestran que pedir perd\u00f3n es un acto importante, serio, profundo. Es importante no banalizarlo, ni utilizarlo como una herramienta de m\u00e1rquetin.<\/p>\n\n\n\n<p>Igualmente serio es reclamar perd\u00f3n: hay que explicar los motivos, y no exigirlo simplemente para humillar a la otra parte o para vengarse por el da\u00f1o sufrido. Si se busca justicia, s\u00ed, es perfectamente leg\u00edtimo. Es m\u00e1s, la Iglesia est\u00e1 llamada a ir m\u00e1s all\u00e1 de la justicia y ser maestra de caridad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>En cuanto a la \u201cbenevolencia\u201d, \u00bfpodr\u00eda plantearse la duda sobre si la Iglesia quiere el bien de los fieles?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Como dijo el Papa, \u201cel poder es servicio\u201d, algo que a veces no ha sido entendido ni por quien ejerce la autoridad ni por quien la sigue. Por eso, vemos con sospecha a los dirigentes de muchas instituciones, no solo de la Iglesia. La crisis de confianza actual hacia aquellas organizaciones que se rigen por un sistema estructurado tiene que hacernos pensar. No se trata de eliminar las jerarqu\u00edas \u2013que son necesarias\u2013, sino de encontrar nuevos modos de participaci\u00f3n. M\u00e1s di\u00e1logo puede ayudar a que cada persona sienta la responsabilidad por el futuro y la buena salud de la propia organizaci\u00f3n \u2013la Iglesia, tambi\u00e9n\u2013; servir\u00eda para encontrar propuestas creativas a los retos de una sociedad en continuo cambio, para comprender las dificultades de quien dirige la organizaci\u00f3n, para conocer las necesidades y expectativas de quien forma parte, para tener una visi\u00f3n m\u00e1s completa y realista del contexto en el que se trabaja\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>En mi opini\u00f3n, la sinodalidad que propone Papa Francisco \u2013que es un bien de ra\u00edz teol\u00f3gica y no una simple t\u00e9cnica de participaci\u00f3n democr\u00e1tica\u2013 es un ejemplo, pero cada realidad tiene que encontrar los propios m\u00e9todos para aumentar la escucha y la participaci\u00f3n. El sentido cr\u00edtico que todos tenemos puede convertirse en algo positivo si logramos un sistema que lo oriente a la obtenci\u00f3n de soluciones constructivas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Aludamos ahora a la capacidad. \u00bfEn qu\u00e9 sentido puede ser la Iglesia \u201ccompetente\u201d? Los cat\u00f3licos tenemos siempre la posibilidad de obrar bien, pero no siempre lo hacemos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Siempre tendremos en la Iglesia esa impresi\u00f3n de no ser capaces de ofrecer al mundo plenamente la maravilla del mensaje cristiano. Eso no quita para que en cada \u00e9poca nos tengamos que esforzar por renovar el lenguaje, vistiendo nuestro anuncio de palabras nuevas que despierten inter\u00e9s de la gente. Para lograrlo, es importante aprender a escuchar. Como dijo el poeta Benedetti: \u201cCuando ten\u00edamos las respuestas, nos cambiaron las preguntas\u201d. Esa es la impresi\u00f3n que podemos tener en la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 preguntas se hace hoy la gente? \u00bfPor qu\u00e9 la propuesta cristiana no siempre intercepta sus interrogantes? Tampoco podemos olvidar que, en un mundo polarizado con poco espacio para el di\u00e1logo, y en el que las emociones a veces tienen demasiado peso, el testimonio sereno y constante de los cristianos \u2013en las obras de caridad, por ejemplo\u2013 seguir\u00e1 siendo una enorme fuente de confianza.<\/p>\n\n\n\n<p>Las obras demuestran que somos <em>capaces<\/em> de hacer el bien. Me gusta citar lo que dec\u00eda san Francisco a sus disc\u00edpulos para recordarles el valor del testimonio: \u201cSalgamos a predicar, si es necesario incluso con las palabras\u201d. A veces, basta confiar en la enorme fuerza de una vida coherente. Las acciones comunican solas cuando est\u00e1n bien hechas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfD\u00f3nde anclar la fidelidad, si se percibe falta de coherencia en las acciones?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Recordar con frecuencia que no tenemos que ser fieles a una instituci\u00f3n, sino a una Persona. Cristo y su Iglesia son inseparables, por eso estamos seguros de que en la Iglesia encontramos a Cristo. Pero cada hombre realiza en contextos culturales, sociales o intelectuales diferentes esa b\u00fasqueda del tesoro de la fe <em>en<\/em> la Iglesia. Por eso, a veces para continuar siendo fieles es necesario cambiar lo accesorio. La fidelidad no es inmovilismo, sino amor en movimiento.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Por perder \u201cconfianza\u201d de una parte de la gente, \u00bfpierde la Iglesia \u201ccredibilidad\u201d?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Como dec\u00edamos al principio, la confianza tiene relaci\u00f3n con las expectativas de los dem\u00e1s. A veces, algunas personas pueden tener expectativas hacia la Iglesia que \u00e9sta no puede cumplir. Ser coherentes con la fe, aunque nos cueste perder la confianza de algunos, puede reforzar la confianza de otros.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia tiene una identidad que no puede cambiar. Ella misma es <em>creyente<\/em>: basa su fe en Dios. Al mismo tiempo, tiene una misi\u00f3n que cumplir, por eso tiene que ser <em>cre\u00edble<\/em>. Pero aun as\u00ed no basta: adem\u00e1s, tiene que ser \u201c<em>querible<\/em>\u201d. No se puede amar aquello que te produce miedo o sospecha; s\u00ed, en cambio, puedes querer a quien desea tu bien, es coherente y sabe ayudarte, aunque se equivoque. Por tanto, dir\u00eda que los cristianos y la Iglesia tenemos que adquirir estas tres caracter\u00edsticas consecutivas: estamos llamados a ser creyentes, cre\u00edbles y \u201cqueribles\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La opini\u00f3n p\u00fablica se mueve tan deprisa, que casi no tiene tiempo para pensar. En este contexto, \u00bfc\u00f3mo se pueden comunicar asuntos como la fe o la Iglesia, que requieren una consideraci\u00f3n pausada?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>-Internet ha acelerado las comunicaciones, aumentando el volumen de informaci\u00f3n y disminuyendo, a la misma velocidad, nuestra capacidad de an\u00e1lisis. Whatsapps, mails, series, posts, stories\u2026 invaden cada uno de nuestros espacios de atenci\u00f3n. Si uno no se protege, simplemente pierde la capacidad de reflexionar \u2013que es un h\u00e1bito maleable, como cualquier otro\u2013.<\/p>\n\n\n\n<p>Sherry Turkle, una pionera del an\u00e1lisis del impacto social de internet, sostiene que para que la red no nos aleje de los dem\u00e1s es necesario promover el di\u00e1logo f\u00edsico: en casa, con los amigos, en el trabajo\u2026 \u00a1Pero tambi\u00e9n con uno mismo! Ese espacio interior es imprescindible para cultivar nuestra fe \u2013que es tambi\u00e9n una relaci\u00f3n personal\u2013: en la reflexi\u00f3n, en la oraci\u00f3n, en el estudio continuado. En una aparente paradoja, en una sociedad acelerada, la Iglesia puede ganar atractivo como espacio serio de reflexi\u00f3n y equilibrio, tambi\u00e9n para los no creyentes. Para que conf\u00eden en nosotros, primero nosotros necesitamos confiar en que la fe es poderosamente atractiva.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ofrecemos la segunda parte de la entrevista que ha concedido a Omnes Juan Narbona, profesor de Comunicaci\u00f3n Digital en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Si en la primera parte, publicada hace unos d\u00edas, explic\u00f3 que la desconfianza en las instituciones debilita a la sociedad, ahora se centra en el \u00e1mbito de la Iglesia. 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