{"id":29294,"date":"2023-03-13T06:00:00","date_gmt":"2023-03-13T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=29294"},"modified":"2023-03-13T09:52:10","modified_gmt":"2023-03-13T08:52:10","slug":"los-monjes-del-desierto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/omnes.blog\/?p=29294","title":{"rendered":"Los monjes del desierto"},"content":{"rendered":"\n<p>Durante los tres primeros siglos de cristianismo las comunidades que viv\u00edan su fe en Jesucristo formaron una extensa red a lo ancho de todo el Imperio Romano. Hemos visto c\u00f3mo, instruidos, alentados, y protegidos por los <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Padres_de_la_Iglesia\">Santos Padres<\/a>, los cristianos cumplieron a fondo el papel de ser levadura en medio del mundo que Jes\u00fas les encomend\u00f3 en su ense\u00f1anza. Organizados en comunidades peque\u00f1as y muy vivas, presididas por un obispo y atendidas por un colegio de presb\u00edteros, los cristianos sembraron en el <a href=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/actualidad\/para-llegar-a-la-fe-ante-el-avance-del-paganismo\/\">mundo pagano<\/a> con abundancia. En el mundo realizaron su apostolado, sufrieron conflictos, dialogaron con las diversas culturas, padecieron persecuciones, y fueron pasando por diversos escenarios pol\u00edticos hasta que, al final, el Imperio Romano se hizo cristiano.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Un nuevo camino<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Junto a este camino de los cristianos en medio del mundo, encontramos un peque\u00f1o sendero, que, si bien al principio pas\u00f3 escondido, con el tiempo dio origen a una amplia y nueva vivencia de la vida cristiana. Nos referimos a los cristianos que decidieron vivir una consagraci\u00f3n particular a Dios, primero viviendo en el mundo y despu\u00e9s saliendo de \u00e9l para vivir en el desierto.<\/p><div class=\"lerox-placement-margin\" style=\"margin:32px 0 32px 0;\"><div class=\"lerox-ad lerox-ad-image\" data-ad-id=\"1\"><a href=\"https:\/\/leroxstudio.com\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer nofollow\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/omnes.blog\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/www.url_.com_.gif\" width=\"800\" height=\"850\" alt=\"\" loading=\"lazy\" style=\"display:block;max-width:100%;\"><\/a><\/div><\/div>\n\n\n\n<p>Desde el principio, en efecto, hubo cristianos que descubrieron como vocaci\u00f3n propia vivir lo m\u00e1s ajustadamente posible el consejo de ascetismo predicado por Jes\u00fas de Nazaret: \u201c<em>Si alguno quiere venir en pos de m\u00ed, que se niegue a s\u00ed mismo, tome su cruz y me siga<\/em>\u201d (Mc 8, 34). As\u00ed, tanto en el Nuevo Testamento como en los primeros Padres de la Iglesia, encontramos testimonios de esta forma de vida, que se concretar\u00eda pronto en la virginidad y en la vida continente dentro del mundo, como modo de vivir la renuncia para imitar a Jes\u00fas y llegar a la plenitud de la contemplaci\u00f3n en su seguimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Por tanto, en numerosos lugares de Oriente, pero especialmente en Egipto, muchos cristianos tomaron este ideal de vida evang\u00e9lica o de vida apost\u00f3lica, complementario al ideal de la mayor\u00eda de los cristianos, que viv\u00edan como levadura en medio del mundo. Fue cuesti\u00f3n de tiempo que este ideal moviera a muchos a una imitaci\u00f3n m\u00e1s estricta, saliendo del mundo para vivir el seguimiento radical de Jes\u00fas en la soledad del desierto, viviendo como solos, como monjes, del mismo modo que Jes\u00fas en su vida p\u00fablica se retiraba con asiduidad a la soledad de los parajes des\u00e9rticos para entregarse a la oraci\u00f3n y a la contemplaci\u00f3n \u00edntima de su Padre Dios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Los monjes anacoretas<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>A lo largo del siglo III, coincidiendo con las grandes persecuciones, encontramos grandes figuras del cristianismo antiguo que huyeron al desierto, no para escapar de la violencia imperial, sino para huir de la corrupci\u00f3n y t\u00f3xica vanidad del mundo todav\u00eda pagano. Esta <em>fuga mundi<\/em> rechazaba una sociedad que viv\u00eda para la gloria mundana, la ambici\u00f3n del lujo, la auto celebraci\u00f3n de s\u00ed mismo y el deseo de dejar un glorioso recuerdo para la posteridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a este planteamiento, la llamada de irse a vivir solo (<em>monach\u00f3s<\/em> en griego, de donde vendr\u00e1 el lat\u00edn <em>monachus<\/em>, monje) al desierto supondr\u00e1 buscar la humildad, el alejamiento, la austeridad, el silencio, el vivir escondido y el olvido de uno mismo. No por mera oposici\u00f3n al mundo, sino por manifestar ante \u00e9l \u201c<em>lo \u00fanico necesario<\/em>\u201d (Lc 10, 42), que es la contemplaci\u00f3n de las realidades divinas, y para imitar la vida de Jesucristo como orante solitario en lugares des\u00e9rticos.<\/p>\n\n\n\n<p>En el desierto, como Jes\u00fas, el monje que ha renunciado a su familia, a su patrimonio, a sus afectos, y a s\u00ed mismo, para dedicarse a la soledad y a la oraci\u00f3n, sufrir\u00e1 un duro combate por parte del diablo, como las sufri\u00f3 Jesucristo en el desierto de Judea. No le faltar\u00e1n tentaciones, acosos, ataques ni seducciones; tampoco la violencia del mundo ni los ataques de las fieras. Pero de todas saldr\u00e1 triunfante gracias a la bendici\u00f3n de Dios y a su esfuerzo asc\u00e9tico personal para conquistar las virtudes.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed nos lo narran las numerosas <em>Vidas<\/em> que han llegado hasta nosotros de los llamados Padres del Desiertos, los primeros anacoretas (<em>los<\/em> <em>separados<\/em>, en griego) que marcharon a la soledad para abrir un nuevo camino de perfecci\u00f3n en la vida cristiana. La m\u00e1s importante es la que escribi\u00f3 san Atanasio sobre san Antonio Abad, el verdadero padre de esta nueva experiencia mon\u00e1stica en la soledad. En ella nos narra la conversi\u00f3n de san Antonio, sus comienzos en la dura experiencia como anacoreta, su vida entre sepulcros primero, y en los desiertos egipcios despu\u00e9s. Y nos descubre que la fama de santidad y sabidur\u00eda del santo, fruto de su entrega generosa a la imitaci\u00f3n y al seguimiento de Jesucristo, le trajo numerosos disc\u00edpulos.<\/p>\n\n\n\n<p>Como podemos imaginar, los Padres de este monacato en el desierto no se dedicaron a escribir libros, como los dem\u00e1s Padres que estamos viendo en esta serie. Mucho menos su propia biograf\u00eda. Pero, afortunadamente, sus disc\u00edpulos, y los de otros padres del desierto primitivos, fueron recogidos en unas colecciones llamadas <em>Apotegmas<\/em>. Cada una de estas narraciones nos presenta, el hilo de alguna an\u00e9cdota de la vida del monje, un di\u00e1logo donde el monje va ense\u00f1ando a su disc\u00edpulo. Y es que cada vez m\u00e1s cristianos comenzaban un camino discipular con estos venerados anacoretas, buscando \u201c<em>practicar con \u00e9xito la vida celestial y recorrer el camino del reino de los Cielos<\/em>\u201d, como nos cuenta un antiguo <em>apotegma<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El movimiento cenob\u00edtico<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Con el tiempo esta experiencia individual, un tanto carism\u00e1tica, y sorprendentemente contagiosa, fue dando lugar a una configuraci\u00f3n progresiva de instituciones, organizaci\u00f3n comunitaria y producci\u00f3n literaria. Es lo que conocemos como el cenobismo (de <em>koin\u00f3s-bios<\/em>, comunidad de vida en griego). Comunidades de anacoretas se iban formando con una primera forma de vida com\u00fan, guiada ya por una regla escrita, por las grandes \u00e1reas del cristianismo: Egipto, Palestina, Siria o Capadocia.<\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos que destacar Egipto, especialmente el desierto en torno a Tebas (lo que se conoce como la Tebaida), como lugar de origen de este movimiento, como lo fue tambi\u00e9n de la vida de los anacoretas. Pacomio es el gran patriarca de la vida cenob\u00edtica, escritor de la primera regla mon\u00e1stica e iniciador de una importante serie de grandes h\u00e9roes del monaquismo antiguo, como Shenute, Porfirio, Sabas o Eutimio. Las vidas de estos padres eran le\u00eddas como biograf\u00edas de aut\u00e9nticos h\u00e9roes de la espiritualidad, que inspiraron a muchos cristianos en su experiencia de vida cenob\u00edtica. Durante los siglos IV y V, ya con el cristianismo plenamente asentado en el Imperio Romano, se ir\u00e1n enriqueciendo las colecciones de <em>apotegmas<\/em> y biograf\u00edas de estos padres del desierto, como lo vemos en la <em>Historia Laus\u00edaca<\/em>, de Paladio, una curiosa enciclopedia de estos grandes h\u00e9roes de la asc\u00e9tica y de sus ense\u00f1anzas espirituales.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque no podemos olvidar que lo esencial en esta experiencia no es el esfuerzo asc\u00e9tico personal ni la radicalidad de las renuncias, sino la gracia espiritual que Dios pone en estas personas al llamarlas a la vida en el desierto. De ah\u00ed que las ense\u00f1anzas de estos padres sean una fuente inagotable de alimento espiritual. En este sentido son de un gran valor las recopiladas por autores como Evagrio P\u00f3ntico o Casiano (siglos IV-V).<\/p>\n\n\n\n<p>En concreto, el <em>Tratado pr\u00e1ctico<\/em> y el <em>Sobre la oraci\u00f3n<\/em> de Evagrio constituyen una referencia esencial para entender la espiritualidad mon\u00e1stica de la Iglesia oriental, que tanto influy\u00f3 despu\u00e9s en las diversas corrientes del cenobismo de la Iglesia latina. De la segunda obra, que busca instruir al disc\u00edpulo en la impasibilidad y en la contemplaci\u00f3n, siguiendo las antiguas tradiciones de los primeros padres, proceden las citas que acompa\u00f1an a este art\u00edculo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Seguro que todav\u00eda hoy tienen mucho que decir a quienes, dentro o fuera del mundo, buscan una mayor identificaci\u00f3n con Jesucristo y una mayor profundidad espiritual en su seguimiento. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante los tres primeros siglos de cristianismo las comunidades que viv\u00edan su fe en Jesucristo formaron una extensa red a lo ancho de todo el Imperio Romano. 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