{"id":30089,"date":"2023-04-15T06:00:00","date_gmt":"2023-04-15T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=30089"},"modified":"2023-04-13T10:34:09","modified_gmt":"2023-04-13T09:34:09","slug":"pascua-prefacio-vida-nueva-cristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/omnes.blog\/?p=30089","title":{"rendered":"La vida nueva en Cristo. Prefacios Pascuales (II)"},"content":{"rendered":"\n<p>El t\u00edtulo del segundo prefacio pascual (<em>De vita nova in Christo<\/em>) dirige nuestra mirada a los efectos de la Pascua de Cristo en la vida de los creyentes. En efecto, por el sacrificio de Cristo en la cruz, los hijos de la luz nacen a la vida eterna y se abren a los creyentes las puertas del reino de los cielos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La expresi\u00f3n hijos de la luz hace referencia a Lc 16, 8, pero sobre todo a Jn 12, 36: \u201cMientras teng\u00e1is la luz, creed en la luz, para que se\u00e1is hijos de la luz\u201d, e indica a los que creen en la divinidad de Cristo. De hecho, el pasaje de Juan citado trata de la revelaci\u00f3n \u00faltima dada por la voz del Padre desde el cielo (\u201cPadre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: \u2018\u00a1Yo lo he glorificado y lo glorificar\u00e9 otra vez!\u2019\u201d (Jn 12, 28) y la ofrecida por el Misterio pascual (\u201cY yo, cuando sea levantado de la tierra, atraer\u00e9 a todos hacia m\u00ed\u201d (Jn 12, 32): Cristo es la luz del mundo porque es el Hijo unig\u00e9nito del Padre, como revelan la voz del cielo y la Cruz; s\u00f3lo creyendo en \u00c9l se llega a ser hijo de la luz y nace un mundo nuevo, caracterizado por la vida eterna.&nbsp;<\/p><div class=\"lerox-placement-margin\" style=\"margin:32px 0 32px 0;\"><div class=\"lerox-ad lerox-ad-image\" data-ad-id=\"1\"><a href=\"https:\/\/leroxstudio.com\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer nofollow\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/omnes.blog\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/www.url_.com_.gif\" width=\"800\" height=\"850\" alt=\"\" loading=\"lazy\" style=\"display:block;max-width:100%;\"><\/a><\/div><\/div>\n\n\n\n<p>La expresi\u00f3n \u201cvida eterna\u201d no designa en primer lugar la vida despu\u00e9s de la muerte, sino la vida nueva en Cristo: s\u00f3lo Dios es eterno y, por tanto, s\u00f3lo la vida de Dios es eterna; en este sentido, \u201cvida eterna\u201d es sin\u00f3nimo de vida de Dios. En efecto, la fe en <a href=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/foco\/testimonio-consagrados\/\">Cristo<\/a> crucificado y resucitado y la vida sacramental permiten a Dios habitar en el creyente; de este modo se manifiesta la vida de la gracia, que no es otra cosa que la vida divina en nosotros. Se comprende as\u00ed lo que quiere decir Jes\u00fas cuando afirma: \u201cEl que cree tiene vida eterna (&#8230;) El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitar\u00e9 el \u00faltimo d\u00eda\u201d (Jn 6, 47-54): es el amanecer de un mundo nuevo, como subraya el verbo <em>oriuntur<\/em>, que se refiere precisamente al comienzo de un nuevo d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, las puertas del para\u00edso, que se hab\u00edan cerrado como consecuencia del pecado original (Gn 3, 23-24), se han vuelto a abrir gracias a la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo: la comuni\u00f3n con Dios vuelve a ser posible y el plan original de salvaci\u00f3n vuelve a estar al alcance de todos. Sin embargo, el prefacio subraya que esto es posible para los fieles (<em>fidelibus<\/em>): gracias al Bautismo estamos inmersos en la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo y, por tanto, podemos entrar en comuni\u00f3n con \u00c9l y disfrutar de la vida eterna que Dios nos comunica.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, el prefacio cita la doctrina paulina de la muerte de Cristo como causa de nuestra redenci\u00f3n y su resurrecci\u00f3n como causa de la nuestra. Es lo que expone San Pablo en <a href=\"https:\/\/www.conferenciaepiscopal.es\/biblia\/corpus-romanos\/\">Rom<\/a> 5, 10-17 y 2 Cor 5, 14-15: \u201cPorque el amor de Cristo nos posee; y sabemos que uno muri\u00f3 por todos, por eso murieron todos. Y \u00e9l muri\u00f3 por todos, para que los que viven ya no vivan para s\u00ed, sino para aquel que muri\u00f3 y resucit\u00f3 por ellos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Tercer Prefacio: mediaci\u00f3n continua de Cristo<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>El tercer prefacio se centra en la mediaci\u00f3n continua de Cristo, efecto de su resurrecci\u00f3n. De hecho, el t\u00edtulo (<em>De Christo vivente et semper interpellante pro nobis<\/em>) cita Heb 7, 25: \u201cPor tanto, puede salvar perfectamente a los que por \u00e9l se acercan a Dios, pues siempre est\u00e1 vivo para interceder por ellos\u201d. Esta es la condici\u00f3n propia de Cristo, que en virtud de la resurrecci\u00f3n en primer lugar ya no puede morir, la muerte ya no tiene poder sobre \u00e9l (Rm 6, 9); \u00e9l es el Viviente, el que vive para siempre, seg\u00fan la visi\u00f3n del Apocalipsis: \u201cYo soy el Primero y el \u00daltimo, y el Viviente. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, esta condici\u00f3n suya no le aleja de nosotros, como podr\u00eda parecer, ya que nos caracterizamos precisamente por la finitud. Su vida eterna es, de hecho, una vida constantemente entregada por nosotros, sus hermanos: \u00e9l es el Cordero sacrificado por nuestra salvaci\u00f3n. Inmolado ciertamente de una vez para siempre, pero que, al mismo tiempo, intercede continuamente por nosotros.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, sentado a la derecha del Padre, no ha renunciado a su papel de mediador: el sacerdocio de Cristo es un sacerdocio eterno y \u00c9l es el \u00fanico mediador de la alianza nueva y eterna. Esta es una de las caracter\u00edsticas m\u00e1s significativas del sacerdocio de Cristo: mientras que en el Antiguo Testamento v\u00edctima y sacerdote eran necesariamente distintos, en la Nueva Alianza coinciden.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Sacerdocio eterno de Cristo&nbsp;<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>En efecto, Cristo es sacerdote no en la l\u00ednea hereditaria del sacerdocio de Aar\u00f3n, sino \u201cseg\u00fan el orden de Melquisedec\u201d (Hb 5, 4-6). Precisamente porque es de origen divino, este sacerdocio es \u00fanico y eterno; en efecto, realiza perfecta y definitivamente con su propio sacrificio la mediaci\u00f3n que s\u00f3lo estaba prefigurada en los antiguos sacrificios. Por tanto, a partir del Misterio pascual, no hay m\u00e1s que un sacerdote, una v\u00edctima y un sacrificio.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed se comprende tambi\u00e9n la otra expresi\u00f3n que encontramos en este prefacio: <em>semper vivit occisus<\/em>, que se refiere tambi\u00e9n al Apocalipsis, donde se presenta al Cordero inmolado pero al mismo tiempo erguido: es la condici\u00f3n aparentemente parad\u00f3jica de Cristo muerto y resucitado, que vive en la eternidad.<\/p>\n\n\n\n<p>San Pedro Cris\u00f3logo, comentando Rom 12, 1, a prop\u00f3sito del sacrificio que debe llegar a ser cada creyente, dice: \u201cHermanos, este sacrificio desciende del modelo de Cristo, que inmol\u00f3 vitalmente su propio cuerpo por la vida del mundo. Y verdaderamente hizo de su propio cuerpo una v\u00edctima viva El que, habiendo sido inmolado, vive\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El t\u00edtulo del segundo prefacio pascual (De vita nova in Christo) dirige nuestra mirada a los efectos de la Pascua de Cristo en la vida de los creyentes. 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